domingo, 19 de septiembre de 2010

La Triste Historia de Little John (2ª Parte)

Odessa, Texas.
Toy Place Pub.
21:36

‘Aquí tienes’.
‘Total. En la decimocuarta misión “destorretaislas”, un golpe de mar volcó la barca de los muchachos cuando estaban a punto de llegar al islote donde estaba el próximo objetivo. Toda una soberana putada. Era de noche, había tormenta, el mar encabritado. Imagínate. Pero estuvieron rápidos, muy rápidos, y enseguida solucionaron el problema: agarraron la embarcación y nadaron hasta la orilla. Allí le dieron la vuelta y todo quedó en un susto. Todos estaban perfectamente. Todos menos Little John. Nadie le había visto desde que volcaron. Querían ir a buscar a su compañero caído, pero tenían que cumplir una misión importantísima, tenían que neutralizar la torre. ¡Ah, amigo! Sin embargo, eran unos buenos camaradas, unos grandes compañeros, los mejores. Excelentes. ¡Magníficos! Así que hicieron lo que cualquiera hubiera hecho en su lugar… Correr en silencio hasta la torre, poner la bomba y salir de allí cagando pepinos. Cuando volvieron a echarse al agua, susurraron el nombre de Little John, por si se daba la casualidad de que estuviera flotando vivo por los alrededores. No lo encontraron. Luego dijeron que hicieron todo lo que pudieron. Más cabrones. ¿Quieres saber el resto de la historia? Yo te la cuento. Little John llegó a la playa justamente cuando los muchachos se iban. Veinte minutos después… ¡BOOM!. ¡Ja! Ni te imaginas. Resulta que en el islote había un batallón completo de soldados japoneses. No me preguntes que hacían allí. No lo sé. Seguramente la Operación Mo iba del carajo y se permitieron mandar alguna que otra expedición a cazar a los tíos que iban por ahí poniendo bombas en sus islas. El caso es que Little John se cagó en todo lo que parió una madre cuando se vio a él sin fusil y un puñado de amarillos cabreados corriendo y gritando por todo el islote con ganas de arrancar pellejos’.
‘Joder’.
‘Lo rodearon y, después de que cada uno le diera su correspondiente patada en la boca, lo fusilaron allí mismo. Supongo que no tenían ganas de tomar rehenes o que estaban durmiendo cuando la bomba explotó… tú ya sabes, los japoneses son personas con mal despertar’.
‘Joder’.
‘Efectivamente’.
‘Pero dime…’
‘Digo’.
‘… hay una cosa que no encaja. Si el equipo se había marchado sin localizar a Little John y a él lo fusilaron luego los japos, ¿cómo puñetas sabes tú lo que pasó?’.
‘Ah, bueno, eso. Lo sé de primera mano’.
‘¿Sí? ¿Me vas a decir que tú eras miembro del equipo y que ahora me cuentas la historia de cómo abandonasteis a un compañero como cobardes para que, de alguna manera, la confesión haga que te perdones a ti mismo?’
‘No seas capullo. Lo sé de primera mano porque Little John me lo contó el mes pasado’.
‘¿Perdona?’
‘Eres un enfermo’.
‘¿¿Perdona??’
‘Sí, un puto enfermo… ¿Me has traído una cerveza sin ganchitos? ¿Qué clase de persona te crees que soy? ¿Cómo pretendes que me beba una cerveza sin ganchitos? ¡Sin ganchitos!’
‘Imbecil… ahora vengo’.
‘Good’.