Oh, tú, Querido Lector
que lees estos pseudo-versos,
¡he de advertirte! Esto no es calidad,
yo no soy uno de esos.
¡Frena tu lengua!
¡Esto no es un poema!
¡Es un fallo gramatical!
¡Y no es ningún problema!
Te ofrezco una anécdota, una diversión,
un divertimento, no una magna creación.
Relájate, relájate, no hay por que tener el culo agachado,
si te apetece leer verdadera poesía, feliz te recomiendo a Machado.
...
Sevilla, tarde, puente sobre el río,
lugar perfecto para fotos y pasiones,
siempre que puedas ignorar el ruido
de motos, coches y camiones.
Comen helado, miran mapas, señalan con el dedo:
los guiris explotan la situación.
Sus cámaras roban las almas
de buena parte de la población.
Dos de ellos me llaman la atención,
chico y chica, blancos inmaculados,
apoyándose en la barandilla,
dándose el lote, bien concentrados.
Al pasar a su lado, ella me mira,
empuja atrás a su amado amante
y, con acento tejano, sonríe
mientras dice "¡Hola, Caminante!"
Extiende el brazo, su mano,
me ofrece un papel, un folleto.
Me incomoda detener su faena,
así que, rápidamente, pillo el panfleto.
¡Santa Virgen! Esto si que no me lo espero:
"¿Crees en Dios?, ¿Quieres conocer el camino?,
¿Quieres saber cuál es tu verdadero destino?"
Miro atrás, ahí siguen, con su tema y con esmero.
Imposible. No creo ¡Qué delicia!
Blancos inmaculados.
¡Genial!, ¡Mormones!, ¡Qué malicia!
Ahí, bien concentrados.
¡Sí, Señor! Difundiendo la buena palabra de su profeta
mientras el diablillo le agarraba bien su santísima teta.
Toda una experta, veo, en estas ceremonias.
Más profesional que la Puta de Babilonia.
Misionera de Moroni, en dulce labor,
si así captas adeptos, ¡cáptame, por favor!
lunes, 30 de agosto de 2010
sábado, 28 de agosto de 2010
FUE UN ACCIDENTE
Nos encontramos en las Islas Molucas, donde hoy es día de juicio contra uno de los aldeanos.
Los hechos por los que el Acusado, cuyo nombre no será revelado por petición expresa de las autoridades, está frente al consejo de sabios de la tribu se remontan una semana antes. El Acusado formaba parte de un grupo de individuos que, como cada fin de semana, habían partido hacia el interior de la isla en busca de cabezas que cortar, como manda la tradición. Nada en la conducta de los cazadores de hombres hacía presagiar el terrible acto que estaba a punto de suceder.
Gracias a testigos presenciales, el incidente ha podido ser reproducido con exactitud.
Todo estaba en orden y la actividad estaba siendo llevada a cabo dentro de los márgenes legales, cuando divisaron a la primera presa del día: una mujer que se encontraba recolectado fruta de unos árboles muy cerca de su casa. Para no hacer ruido y así no delatar su posición, los cazadores se comunicaron por señas y dispusieron un cerco alrededor de la presa en forma de abanico, dejando en el centro al Acusado, de quien se comenta es el mejor recolector de cabezas de la región. Lentamente, el equipo fue avanzando por entre la maleza hasta estar lo suficientemente cerca de la mujer para lanzar el ataque, pero al mismo tiempo lo suficientemente lejos como para que ella no pudiera siquiera sentir su presencia. Cuando cada uno estuvo en su posición, el Acusado comenzó a acercarse poco a poco a la mujer, mientras levantaba el largo y afilado machete para asestarle el golpe mortal en la nuca. Entonces, sin que nadie pudiera evitarlo y pese al intenso entrenamiento y experiencia que el Acusado había recibido, la mujer repentinamente se dio la vuelta y sus ojos se encontraron con los de su recién convertido agresor. Desgraciadamente, el sujeto ya había comenzado a descargar el golpe cuando esto sucedió y no pudo hacer nada por evitar la muerte de la mujer.
Ahora, el consejo está reunido dentro de la choza principal, mientras el Acusado y los testigos esperan fuera. Los sabios salen al exterior y ocupan sus asientos alrededor del Acusado. Entonces, el anciano principal se levanta y habla:
“Las leyes son claras. El Acusado será procesado por homicidio involuntario. A continuación el consejo se retirará para evaluar cual será la condena, que procurará rebajar dado el historial tan competente del Acusado. Así, el juicio queda aplazado para dentro de una hora, momento en el cual toda la tribu, así como los familiares de la víctima, deberán estar presentes”.
El Acusado se pone en pie de un salto y grita:
“¡Fue un accidente! ¡Por favor! Deben entenderlo. Yo no quería matarla ¡Yo no quería matarla, sólo cortarle la cabeza! ¡Fue un accidente! ¡Pónganse en mi lugar, se lo suplico!”
Pero el consejo no quiso escucharle y se metió nuevamente en la choza. Y es que las leyes son claras. Si la víctima entabla contacto visual con su agresor, la cacería de cabezas pasa a considerarse asesinato.
Las leyes son claras.
viernes, 27 de agosto de 2010
SIMETRÍA 1
Final/
Negro/Naranja
Alcohol/Gazpacho
Purpurina/Lunares
Nada/Agua
Odio/
Nada/Tierra
Niña/Mujer
Pregunta/Recuerdo
Baile/Música
Impulso/Sabiduría
/
Ruido/Risa
Indecisión/Liderazgo
Llanto/Manos
Cruz/Cara
Nada/Viento
/Amor
Oído/Boca
Rojo/Dorado
Lentejuelas/Gasas
Nada/Fuego
/Principio.
Negro/Naranja
Alcohol/Gazpacho
Purpurina/Lunares
Nada/Agua
Odio/
Nada/Tierra
Niña/Mujer
Pregunta/Recuerdo
Baile/Música
Impulso/Sabiduría
/
Ruido/Risa
Indecisión/Liderazgo
Llanto/Manos
Cruz/Cara
Nada/Viento
/Amor
Oído/Boca
Rojo/Dorado
Lentejuelas/Gasas
Nada/Fuego
/Principio.
domingo, 27 de junio de 2010
La Divina Comedia: Ciudad de Cristal (III)
La casa de Sergio y Espe era la leche. Ocupaba toda la segunda planta de un pequeño edificio, vestigio de la Sevilla más antigua, a un tiro de piedra de la Encarnación. Estaba decorada de una forma juvenil y moderna, prácticamente sacada de una página del catálogo de Ikea, pero aún así olía todo todavía a fotos sepia mezclado con madera vieja. Pero lo que más me llamó la atención fue el suelo. Aún conservaba la solería original; juegos geométricos de triángulos, pentágonos, y cuadrados descoloridos por las pisadas del tiempo, con cientos de arañazos, raspados y arrugas. Aquel piso era una anciana vestida de universitaria.
Me invitaron a sentarme en el sofá verde oliva, que hacía juego con el resto del decorado y me sirvieron un ron con cola. Tomaron asiento y la charla comenzó, previa conexión de la cadena de música, que empezó a susurrar Enrique Bunbury.
Hablamos de los llamados buenos tiempo, de la gente que conocimos en el instituto y de cómo les iba ahora. Mientras escuchaba, una parte de mí reflexionaba sobre el consejo que Paul me había dado un rato antes y supe que, al igual que un personaje de una novela, para entender mi situación actual debía comprender quién había sido yo y cómo había llegado hasta ahí, así que atender a las historias de otros igual me ayudaba a mi propia recapitulación.
El animalario empezó con Miguel Ángel, el criminal nº1 de nuestra clase en la E.S.O, típico camorrista cuya misión en la vida era incordiar al profesorado, a sus compañeros y a todo el que se le pusiera a tiro, amén de quemar papeleras, sabotear exámenes y meterse en una o dos peleas al mes. Lo normal para su rol. El chaval, como era de esperar, abandonó los estudios al llegar a Bachillerato y se dedicó a ayudar a su padre en la empresa de mudanzas en la que trabajaba. Eso era lo último que yo había legado a saber de él y, la pura verdad es que nunca me interesó lo más mínimo lo que le pasara. Nunca volví a pensar en él hasta el momento que Esperanza lo sacó a conversación.
"Por lo visto estuvo trabajando cargando y descargando muebles hasta que un día, en una de esas mudanzas, conoció a una chica de buena familia que estudiaba Derecho y se estaba independizando. Se gustaron, se enamoraron y se fue a vivir con ella".
"Qué pelotazo", dijo Sergio.
Naturalmente no era el final de la historia. Mejoró aún más. el suegro de Miguel Ángel le ofreció la oportunidad de estudiar de nuevo, pero el chaval se negó rotundamente; no se sentía capacitado para retomar una vida estudiantil que jamás había querido y decidió continuar trabajando. Pero el suegro, que le había cogido mucho cariño y estaba empeñado en mejorar su calidad de vida, insistió en darle oportunidades. Finalmente lo contrató como chofer personal.
"¿Chofer?", pregunté. "Madre, pero ¿en qué trabaja ese tío?"
"Nueva Rumasa".
El tema era, cuanto menos, curioso. Típico inútil se enamora de partidazo pero, he aquí que los padres de la chica no son ogros y aceptan con los brazos abiertos al delincuente juvenil, ahora reconvertido en responsable enchaquetado. El amor, ese gran culpable de grandes giros argumentales que te lleva de cargar muebles a conducir un BMW mientras vives con una rubia inteligente.
De pronto sonó Lady Gaga en la radio y por un momento me desconcerté.
De pronto sonó Lady Gaga en la radio y por un momento me desconcerté.
"A mí me parece una injusticia", dijo Sergio.
"¿Por qué?"
"Porque hay gente que se esfuerza mucho y no logra nada y luego tiene que aguantar a pringaos que tienen la vida solucionada por enchufe".
"Injusticia es que maten a tu hijo y le echen dos años de cárcel al asesino. Esto es, simple y llanamente, la vida y sus golpes de suerte. Me vas a decir que si a ti te ofrecieran la solución a tus problemas no la ibas a aceptar porque otros han sacado más notas".
Hipócritademierdaquevivedeputamadreenunpisopagadoporpapá, pensé, pero no lo dije. Sonreí.
"No sé, no sé", respondió él, agitando la mano.
"Ale tiene razón, cari, hay que dar las gracias por los golpes de buena suerte porque luego vienen los de mala suerte", dijo Espe plantándole un sonoro beso en la mejilla.
"Yo me alegro por Miguel Ángel". De todo corazón.
"Y yo, y yo", dijo Sergio.
Ya, claro.
"A mí me parece más curioso lo de Marcos", dijo Espe. Marcos era otro como Miguel Ángel, pero no tan intenso. "Cuando terminó el instituto, no hizo nada... hasta que de pronto se hizo policía. Bueno, no tan de pronto. Estuvo unos años preparándose y al final lo consiguió. De delincuente juvenil a policía".
"Como un personaje de comic", dije.
De Marcos pasamos a Anabel, matrícula de honor habitual en química; Rosa, regente de un bar de copas de éxito con su novio; Carlos, se mudó a Granada con su familia y estudia alguna ingeniería; Jorge, audiovisuales; Diego, Elena, Carmen, Cristina y Alberto son fisioterapuetuas; María, la otra Carmen, Maite, Isabel son ya maestras de escuela. El repaso continuó y los éxitos de cada uno flotaban en el ambiente con la misma densidad que el ambientador de limón que había enchufado por alguna parte. Ahora U2 amenizaba la sesión de terapia.
Finalmente, llegamos a mí.
"Bueno, ¿pero qué hay de ti, Ale? Si te digo la verdad, no sé que hiciste después de selectividad".
"Yo tampoco".
Rieron. Me encanta que la gente me ría las bromas que son mitad coña, mitad sincera verdad, porque ni ellos ni yo sabemos de cuál de las dos mitades nos carcajeamos.
"A ver, cuéntanos", insistió Sergio.
"Pues... al acabar bachillerato yo creía que quería ser científico. Había hecho el bachiller de ciencias de la salud porque me molaba más la rama de la vida que la de ciencias puras, aunque saqué unas notas pésimas. Quería dedicarme a la botánica o algo. Quizás crear un ejército de plantas inteligentes que me ayudaran a dominar el mundo". No se rieron con eso. "Finalmente vi que la opción más viable era Ingeniería Técnica Agrícola, así que me matriculé ahí".
La realidad era que me matriculé en aquel coñazo de carrera porque no tuve, ni de cerca, nota suficiente para entrar en lo que yo había deseado de verdad: Audiovisuales.
"Estuve un curso entero, esforzándome en sacarlo adelante pese a que me consumía el alma estar allí y, al final, no me quedó más remedio que tirar la toalla y meterme en otra cosa".
"¿Entonces?"
"Filología".
"Oh... eso es para ser profesor, ¿no?", dijo Sergio.
"Entre otras cosas".
"Sí, pero más que nada profesor, ¿no?", dijo Espe.
"Sí, entre otras más cosas".
Asintieron, pero no creo que me escucharan. Continué.
"Realmente fue una decisión lógica, pero a la vez extraña. Siempre me gustó contar cosas, hablar, escribir, investigar... Así que vi correcta la elección de tomar como carrera aquella que se dedicaba a leer y analizar textos, así como el lenguaje. Pero siempre me gustó la literatura anglosajona más que la española - aunque ahora le aprecio muchísimo más -, por lo que decidí meterme en Filología Inglesa. Además, allí tenía a mis colegas Rosso y Alexander, por lo que aburrirme, no me aburriría".
"Alexander era el hijo de la Charo Parejo, ¿no? Estaba claro que aprobaba todo porque tenía enchufe", opinó Sergio, quien poco a poco me iba cayendo cada vez peor.
"Lo cierto es que Alex te daba mil vueltas en todo, no sé si te acuerdas de ese detalle".
Sergio se quedó callado, mirándome mientras meditaba si le acaba de atacar o solamente era una de esas bromas mías que no se sabe si hablo en serio o no. Naturalmente le estaba atacando: nadie se mete con mis Bro's sin que su dignidad lo pague.
No le di mucho tiempo a pensar, porque seguí hablando. De pronto me di cuenta que estaba contándome mi vida a mí mismo más que a ellos, y me gustó aquella sensación. Hablaba para mí; Sergio y Esperanza eran puro atrezzo.
"Allí estoy desde entonces, leyendo cosas chulas y cosas aburridas, escribiendo... Dedicándome a las letras,, en plan artista bohemio, básicamente. Gané el primer certamen de relatos de ciencia-ficción de la facultad de filología, por cierto. Bueno, quedé segundo. El primero fue Rodríguez-Izquierdo, un querido profesor que se jubiló, pero que ahora es alumno porque estudia otra carrera - de verdad, cuando ese tipo se muera, su alma seguirá yendo a clase. Ganó con una relato repelente, pero mi compadre Esteban, en cuya palabra confío with my life, había estado metido en el asunto y me dijo que le dieron el primer premio a él como "homenaje" y "consolación" porque siempre se presentaba a estas cosas y perdía. ¡Victoria moral para Candle! ¡El único logro importante que tengo en mi vida es un mp3 de dos gigas que me dieron como premio! Pero al final fue una mierda porque no nos publicaron los relatos, tal y como prometió la Universidad de Sevilla, esa entidad que siempre antepone su nombre y el money a la promoción de la cultura. ¿Os he comentado alguna vez que creo que el rector es el mal? No, claro que no, no os he visto en... 5 ó 6 años y la verdad es que nunca fuimos amigos. De hecho sé que os metíais conmigo a muerte. ¡Pero qué más da! Me va como el culo en la carrera. Todo el mundo tira hacia delante y yo estoy estancado en mí mismo... pero al menos "mí mismo" es guay. Debo ser retrasado mental o algo así porque haga lo que haga, estudie mucho o me toque los huevos, saco siempre 4,5 en casi todas las materias. Apruebo a trompicones, estoy gordo y mis romances son más o menos igual de patéticos. Soy un romántico de mierda y por ello me llueven los palos con más frecuencia que al Betis y, aunque luego voy de cínico, sigo siendo un moñas que nunca aprenderá. No me dura una novia más de unos meses y siempre me las busco lejos. Cuanto más lejos, más enamorado estoy. Soy un triste, pero, hey, tengo un sentido del humor que te cagas, los mejores amigos del mundo y el pelo rizado. Y entiendo Lost. ¿Qué más se puede pedir? Ah, sí. Otro cubata, por favor".
Creo que hubiera tenido un orgasmo si en aquel momento hubiera pasado uno de esos arbustos rodantes de las películas del oeste, pero sí que fue genial escuchar un perro ladrar en la lejanía. Algo es algo.
"Bueno... pues... yo te veo bien", dijo al fin Esperanza.
"Gracias, no sabes cuanto significa", dije. Con sinceridad, lo juro. Unas buenas palabras después de una autoflagelación siempre son agradables.
Sergio se levantó y fue a la cocina.
"Un ron-cola más sí que te puedo poner".
"Te lo agradezco".
"¿Sabes?", continuó diciendo,"no eres el único al que le va mal. A mí no me concedieron la beca el año pasado y me tuve que poner a trabajar. Fue una putada. Y, bueno, en asuntos de pareja, todo el mundo tiene problemas de vez en cuando".
Esperanza le echó una mirada asesina de la que el pobre Sergio no se percató.
"¿Problemas?", preguntó ella, como si la palabra se hubiera quedado corta.
"Problemas, roces..."
"¿Roces?". El tono fue mucho más agresivo.
De pronto caí en la cuenta de que la parejita feliz había ocultado hasta ahora una tensión extraña que ahora amenazaba con romper. Hice memoria y me sorprendió no ver nada a lo largo de la noche que me hiciera pensar que tenían problemas. Sinceramente, fue una agradable sorpresa. Y yo un mezquino.
Esperanza se incorporó y entró en su habitación.
Entonces me di cuenta. ¡Su habitación! Habitaban la casa juntos pero vivían y dormían en habitaciones separadas... Definitivamente, no eran lo que aparentaban.
"Ven un momento, Sergio", dijo ella.
"¿Qué?, ¿Qué pasa?"
"Ven, por favor", dijo, sentándose en la cama.
"¿Qué pasa ahora?", insistió Sergio desde la cocina. Me dejó el vaso de ron delante de mí y entró en la habitación con su novia. Le di un buen trago. Uno bien largo.
Ella se mantuvo en silencio un instante y luego se levantó, se acercó, me dijo discúlpanos un momento, por favor, y cerró la puerta.
Y allí me quedé yo, sentado en el sofá, con mi nuevo ron-cola a medio acabar, solo, mirando la puerta de la habitación de Esperanza sin la debida cara de circunstancia porque, la verdad, me la pelaba bastante. No mentiré diciendo que no me daba curiosidad saber el motivo de aquel repentino pronto. Pensé varias teorías y mi favorita fue que Espe se había ido dando cuenta poco a poco que Sergio era gilipollas y que aquella revelación había hecho bastante más difícil la conviviencia, provocando tensiones en la vida diaria que se saldaban de vez en cuando con peleas cada vez más gordas. Probablemente había discutido aquella misma tarde y esperanza aún andaba resentida, por lo que habría interpretado la ligereza de Sergio al usar la palabra "problemas" como un ataque hacia la seriedad con la que ella se estaba tomando todo el asunto.
Pero vamos, que esa era una de mis teorías.
Igual a la chica le había dado un calentón y necesitaba un polvo rápido.
Di un sorbo al ron y me recliné, observándo la sala una vez más.
Desde el cuarto no se oía nada; era imposible adivinar si estaban discutiendo u otra actividad aún más pornográfica, así que me sentí un poco incómodo. Me levanté y me asomé por el gran ventanal que daba a la Sevilla de 1925. ¿Qué hora era? Las tres. Ni un alma en la calle. Estarían todas rezando en la Alfalfa o en la Alameda. Me pregunté que estarían haciendo Paul, Thomas y Catulo, pero me fue imposible sacar una ínfima conclusión. Lo más que llegaba era a vérmelos con vasos largos en la mano, con la espalda apoyada en alguna pared poco transitada, contándose historias increíbles y escondiendo la bebida a cada paso de la patrulla de la policía. Me imaginé a Marcos poniéndole una multa a Paul Auster.
"... porque eres un imbécil", oí de pronto.
Vale. Estaban discutiendo.
Las palabras fueron subiendo de tono y volumen hasta que pude escuchar perfectamente los gritos e insultos que se regalaban el uno al otro. Qué lindo todo.
Si hay algo de lo que se puede estar seguro en esta vida es que las apariencias engañan. Sí o sí.
Decidí que era el momento de marcharse. Estaba harto de estar allí y, francamente, intuía que nunca volvería a ver a estos dos, así que no me iba a quedar esperando que terminaran con su discusión marital (que terminaría en divorcio, seguramente), pero tampoco había necesidad de ser descortés. Cogí un papel y un boli de Cajasol y escribí una pequeña nota:
Ya, claro.
"A mí me parece más curioso lo de Marcos", dijo Espe. Marcos era otro como Miguel Ángel, pero no tan intenso. "Cuando terminó el instituto, no hizo nada... hasta que de pronto se hizo policía. Bueno, no tan de pronto. Estuvo unos años preparándose y al final lo consiguió. De delincuente juvenil a policía".
"Como un personaje de comic", dije.
De Marcos pasamos a Anabel, matrícula de honor habitual en química; Rosa, regente de un bar de copas de éxito con su novio; Carlos, se mudó a Granada con su familia y estudia alguna ingeniería; Jorge, audiovisuales; Diego, Elena, Carmen, Cristina y Alberto son fisioterapuetuas; María, la otra Carmen, Maite, Isabel son ya maestras de escuela. El repaso continuó y los éxitos de cada uno flotaban en el ambiente con la misma densidad que el ambientador de limón que había enchufado por alguna parte. Ahora U2 amenizaba la sesión de terapia.
Finalmente, llegamos a mí.
"Bueno, ¿pero qué hay de ti, Ale? Si te digo la verdad, no sé que hiciste después de selectividad".
"Yo tampoco".
Rieron. Me encanta que la gente me ría las bromas que son mitad coña, mitad sincera verdad, porque ni ellos ni yo sabemos de cuál de las dos mitades nos carcajeamos.
"A ver, cuéntanos", insistió Sergio.
"Pues... al acabar bachillerato yo creía que quería ser científico. Había hecho el bachiller de ciencias de la salud porque me molaba más la rama de la vida que la de ciencias puras, aunque saqué unas notas pésimas. Quería dedicarme a la botánica o algo. Quizás crear un ejército de plantas inteligentes que me ayudaran a dominar el mundo". No se rieron con eso. "Finalmente vi que la opción más viable era Ingeniería Técnica Agrícola, así que me matriculé ahí".
La realidad era que me matriculé en aquel coñazo de carrera porque no tuve, ni de cerca, nota suficiente para entrar en lo que yo había deseado de verdad: Audiovisuales.
"Estuve un curso entero, esforzándome en sacarlo adelante pese a que me consumía el alma estar allí y, al final, no me quedó más remedio que tirar la toalla y meterme en otra cosa".
"¿Entonces?"
"Filología".
"Oh... eso es para ser profesor, ¿no?", dijo Sergio.
"Entre otras cosas".
"Sí, pero más que nada profesor, ¿no?", dijo Espe.
"Sí, entre otras más cosas".
Asintieron, pero no creo que me escucharan. Continué.
"Realmente fue una decisión lógica, pero a la vez extraña. Siempre me gustó contar cosas, hablar, escribir, investigar... Así que vi correcta la elección de tomar como carrera aquella que se dedicaba a leer y analizar textos, así como el lenguaje. Pero siempre me gustó la literatura anglosajona más que la española - aunque ahora le aprecio muchísimo más -, por lo que decidí meterme en Filología Inglesa. Además, allí tenía a mis colegas Rosso y Alexander, por lo que aburrirme, no me aburriría".
"Alexander era el hijo de la Charo Parejo, ¿no? Estaba claro que aprobaba todo porque tenía enchufe", opinó Sergio, quien poco a poco me iba cayendo cada vez peor.
"Lo cierto es que Alex te daba mil vueltas en todo, no sé si te acuerdas de ese detalle".
Sergio se quedó callado, mirándome mientras meditaba si le acaba de atacar o solamente era una de esas bromas mías que no se sabe si hablo en serio o no. Naturalmente le estaba atacando: nadie se mete con mis Bro's sin que su dignidad lo pague.
No le di mucho tiempo a pensar, porque seguí hablando. De pronto me di cuenta que estaba contándome mi vida a mí mismo más que a ellos, y me gustó aquella sensación. Hablaba para mí; Sergio y Esperanza eran puro atrezzo.
"Allí estoy desde entonces, leyendo cosas chulas y cosas aburridas, escribiendo... Dedicándome a las letras,, en plan artista bohemio, básicamente. Gané el primer certamen de relatos de ciencia-ficción de la facultad de filología, por cierto. Bueno, quedé segundo. El primero fue Rodríguez-Izquierdo, un querido profesor que se jubiló, pero que ahora es alumno porque estudia otra carrera - de verdad, cuando ese tipo se muera, su alma seguirá yendo a clase. Ganó con una relato repelente, pero mi compadre Esteban, en cuya palabra confío with my life, había estado metido en el asunto y me dijo que le dieron el primer premio a él como "homenaje" y "consolación" porque siempre se presentaba a estas cosas y perdía. ¡Victoria moral para Candle! ¡El único logro importante que tengo en mi vida es un mp3 de dos gigas que me dieron como premio! Pero al final fue una mierda porque no nos publicaron los relatos, tal y como prometió la Universidad de Sevilla, esa entidad que siempre antepone su nombre y el money a la promoción de la cultura. ¿Os he comentado alguna vez que creo que el rector es el mal? No, claro que no, no os he visto en... 5 ó 6 años y la verdad es que nunca fuimos amigos. De hecho sé que os metíais conmigo a muerte. ¡Pero qué más da! Me va como el culo en la carrera. Todo el mundo tira hacia delante y yo estoy estancado en mí mismo... pero al menos "mí mismo" es guay. Debo ser retrasado mental o algo así porque haga lo que haga, estudie mucho o me toque los huevos, saco siempre 4,5 en casi todas las materias. Apruebo a trompicones, estoy gordo y mis romances son más o menos igual de patéticos. Soy un romántico de mierda y por ello me llueven los palos con más frecuencia que al Betis y, aunque luego voy de cínico, sigo siendo un moñas que nunca aprenderá. No me dura una novia más de unos meses y siempre me las busco lejos. Cuanto más lejos, más enamorado estoy. Soy un triste, pero, hey, tengo un sentido del humor que te cagas, los mejores amigos del mundo y el pelo rizado. Y entiendo Lost. ¿Qué más se puede pedir? Ah, sí. Otro cubata, por favor".
Creo que hubiera tenido un orgasmo si en aquel momento hubiera pasado uno de esos arbustos rodantes de las películas del oeste, pero sí que fue genial escuchar un perro ladrar en la lejanía. Algo es algo.
"Bueno... pues... yo te veo bien", dijo al fin Esperanza.
"Gracias, no sabes cuanto significa", dije. Con sinceridad, lo juro. Unas buenas palabras después de una autoflagelación siempre son agradables.
Sergio se levantó y fue a la cocina.
"Un ron-cola más sí que te puedo poner".
"Te lo agradezco".
"¿Sabes?", continuó diciendo,"no eres el único al que le va mal. A mí no me concedieron la beca el año pasado y me tuve que poner a trabajar. Fue una putada. Y, bueno, en asuntos de pareja, todo el mundo tiene problemas de vez en cuando".
Esperanza le echó una mirada asesina de la que el pobre Sergio no se percató.
"¿Problemas?", preguntó ella, como si la palabra se hubiera quedado corta.
"Problemas, roces..."
"¿Roces?". El tono fue mucho más agresivo.
De pronto caí en la cuenta de que la parejita feliz había ocultado hasta ahora una tensión extraña que ahora amenazaba con romper. Hice memoria y me sorprendió no ver nada a lo largo de la noche que me hiciera pensar que tenían problemas. Sinceramente, fue una agradable sorpresa. Y yo un mezquino.
Esperanza se incorporó y entró en su habitación.
Entonces me di cuenta. ¡Su habitación! Habitaban la casa juntos pero vivían y dormían en habitaciones separadas... Definitivamente, no eran lo que aparentaban.
"Ven un momento, Sergio", dijo ella.
"¿Qué?, ¿Qué pasa?"
"Ven, por favor", dijo, sentándose en la cama.
"¿Qué pasa ahora?", insistió Sergio desde la cocina. Me dejó el vaso de ron delante de mí y entró en la habitación con su novia. Le di un buen trago. Uno bien largo.
Ella se mantuvo en silencio un instante y luego se levantó, se acercó, me dijo discúlpanos un momento, por favor, y cerró la puerta.
Y allí me quedé yo, sentado en el sofá, con mi nuevo ron-cola a medio acabar, solo, mirando la puerta de la habitación de Esperanza sin la debida cara de circunstancia porque, la verdad, me la pelaba bastante. No mentiré diciendo que no me daba curiosidad saber el motivo de aquel repentino pronto. Pensé varias teorías y mi favorita fue que Espe se había ido dando cuenta poco a poco que Sergio era gilipollas y que aquella revelación había hecho bastante más difícil la conviviencia, provocando tensiones en la vida diaria que se saldaban de vez en cuando con peleas cada vez más gordas. Probablemente había discutido aquella misma tarde y esperanza aún andaba resentida, por lo que habría interpretado la ligereza de Sergio al usar la palabra "problemas" como un ataque hacia la seriedad con la que ella se estaba tomando todo el asunto.
Pero vamos, que esa era una de mis teorías.
Igual a la chica le había dado un calentón y necesitaba un polvo rápido.
Di un sorbo al ron y me recliné, observándo la sala una vez más.
Desde el cuarto no se oía nada; era imposible adivinar si estaban discutiendo u otra actividad aún más pornográfica, así que me sentí un poco incómodo. Me levanté y me asomé por el gran ventanal que daba a la Sevilla de 1925. ¿Qué hora era? Las tres. Ni un alma en la calle. Estarían todas rezando en la Alfalfa o en la Alameda. Me pregunté que estarían haciendo Paul, Thomas y Catulo, pero me fue imposible sacar una ínfima conclusión. Lo más que llegaba era a vérmelos con vasos largos en la mano, con la espalda apoyada en alguna pared poco transitada, contándose historias increíbles y escondiendo la bebida a cada paso de la patrulla de la policía. Me imaginé a Marcos poniéndole una multa a Paul Auster.
"... porque eres un imbécil", oí de pronto.
Vale. Estaban discutiendo.
Las palabras fueron subiendo de tono y volumen hasta que pude escuchar perfectamente los gritos e insultos que se regalaban el uno al otro. Qué lindo todo.
Si hay algo de lo que se puede estar seguro en esta vida es que las apariencias engañan. Sí o sí.
Decidí que era el momento de marcharse. Estaba harto de estar allí y, francamente, intuía que nunca volvería a ver a estos dos, así que no me iba a quedar esperando que terminaran con su discusión marital (que terminaría en divorcio, seguramente), pero tampoco había necesidad de ser descortés. Cogí un papel y un boli de Cajasol y escribí una pequeña nota:
Ha sido un placer veros (a pesar de todo) y recordar tiempos afortunadamente pasados. Si nos vemos en otra vida, os invito a los dos roncolas que os debo.
Sergio, pese a que has dicho algunas cosas sabias esta noche, eres un capullo y acabo de recordar que en el instituto me caías desproporcionadamente mal. No olvido, sin embargo, tus palabras.
Espe, eres buena chica, pero serías la leche (y quizás más libre) si no fueras tan políticamente correcta.
Un abrazo.
Apuré el vaso (pensando que hubo una época en mi vida en la que ni se me hubiera ocurrido escribir algo semejante), lo dejé en el fregadero y salí sin hacer mucho ruido. Me hacía gracia largarme en plan ninja y dejarles discutir con la incómoda sensación de que había alguien allí con ellos.
Salí a la calle con la sensación de haberme quitado un peso de encima. El aire me parecía más limpio y estaba extrañamente activo, con ganas de hacer algo, así que saqué el móvil para llamar a Paul y unirme a la fiesta decadente de escritores molones que debía haber por algún rincón del casco antiguo.
Tenía tal sensación de paz espiritual que no me molestó para nada ver que me había quedado sin batería en el móvil y que no podría localizar a mi colega. Ni siquiera al darme cuenta que estaba a una hora andando de mi casa y que no tenía transporte.
Bueno, vale. Un poco sí que me picó.
"Bah".
Me encogí de hombros y me puse a caminar calle arriba, en dirección a mi dulce, dulce hogar. La noche estaba exquisita y el paseo se me fue haciendo idílico por momentos. Me gustaba aquello. El momento, yo y el paisaje urbano. No creo que haga falta decir cuan bella es Sevilla cuando duerme. Como todas las chicas guapas.
No encendí el Ipod.
Me apetecía estar en silencio.
fin
sábado, 19 de junio de 2010
VEINTICUATRO PERÍGRAFES POR SEGUNDO
Un pedazo de ti.
Cuchara transparente.
Pieza de Bronce.
Agradable paseo con prisas.
Vestido nuevo apenas estrenado, casi probado.
Sábanas que sobran.
Una carta entre tus blusas de verano.
Pedazo de ti.
Cuaderno de bocetos manchado.
Luz fina.
Tu escote blanco bajo verde.
Pulgar e índice pinzando una astilla
Tus piernas cruzadas bajo la falda bohemia.
Pies descalzos, dedos ruborizados.
De ti, pedazos.
Libro cosido a mano.
Vapor rojo.
Manos bailando, danzando, tocando.
Pies bailando, danzando, pisando.
Tobillos, puentes, punteras girando.
Ventrículos como uvas.
Despedazado.
Un mazo de cincuenta y cinco cartas distribuidas entre miles de páginas.
Miles de páginas disueltas en una sola.
Cuchara transparente.
Pieza de Bronce.
Agradable paseo con prisas.
Vestido nuevo apenas estrenado, casi probado.
Sábanas que sobran.
Una carta entre tus blusas de verano.
Pedazo de ti.
Cuaderno de bocetos manchado.
Luz fina.
Tu escote blanco bajo verde.
Pulgar e índice pinzando una astilla
Tus piernas cruzadas bajo la falda bohemia.
Pies descalzos, dedos ruborizados.
De ti, pedazos.
Libro cosido a mano.
Vapor rojo.
Manos bailando, danzando, tocando.
Pies bailando, danzando, pisando.
Tobillos, puentes, punteras girando.
Ventrículos como uvas.
Despedazado.
Un mazo de cincuenta y cinco cartas distribuidas entre miles de páginas.
Miles de páginas disueltas en una sola.
[Más Perígrafes]
jueves, 3 de junio de 2010
La Gran Solución
Lo que ocurrió fue que el nuevo capataz ordenó sembrar por error todas las semillas juntas de las dos variedades de bayas: las comestibles y las venenosas. Un mes más tarde, cuando las plantas crecieron, nadie se atrevía a probar el fruto porque no había manera alguna de distinguir las unas de las otras.
- ¡Cerdos! – sugirió el Inteligente – Los cerdos son capaces de diferenciar una baya buena de una mala.
Así, metieron cientos de éstos en los campos de cultivo, siendo la operación un completo éxito, ya que los sabios animales devoraron todos los deliciosos frutos comestibles.
- ¡Maravilloso! – gritaron algunos.
- Sí, ahora no nos queda duda alguna de cuales son las bayas que no podemos comer – se autoexplicó el salvador de la cosecha.
- Es usted un genio – dijo, con toda la sinceridad del mundo, un crítico.
- Lo sé, lo sé, gracias.
lunes, 24 de mayo de 2010
La Divina Comedia: Ciudad de Cristal (II)
Paul Auster es el hermano guapo de Igor, el de El Jovencito Frankenstein. Eso pensaba mientras conducíamos por el carril central de la SE-30, a la altura de la desviación a Montequinto, sentido al Paquito. Hemos decidido dar un paseo por el centro. Quizás tomar algo por allí.
En el reproductor de CD tenía puesto un disco de su hija Sophie. Qué guapa es y qué bien canta la condenada, pero sentía que en este momento no era la música que necesitaba. Eché un repaso mental de las listas de reproducción que había estado haciendo minutos antes en mi habitación y pensé cuál de ellas sería la ideal para la ocasión.
La melomanía como sustitutivo del alcoholismo.
Paul me preguntó que había estado escribiendo últimamente y le respondí que cosas. ¿Qué tipo de cosas? Tú sabes, cosas. ¿Relatos? Sí. ¿Cortos? ¿Largos? Medianos. ¿Sobre qué? Unos sobre nada, otros sobre algo.
Contestaba de esa forma porque todo era morralla que no tenía ningún interés en mostrar a nadie, y menos aún a alguien de su nivel. La cantidad de mierda que puede llegar a escribir un lechón como yo que quiere ser escritor puede ser tanta que podría ser acusado de crímenes contra la humanidad... O peor aún, podría ser tomado en serio por alguien y acusarme de ser bueno. La subjetividad puede ser muy peligrosa en ese sentido.
Tomamos la entrada a la Avenida de las Palmeras y nos volvemos a meter en Sevilla, dejándo atrás el Benito Villamarín (se llama así, coño). Vi mi reflejo en el cristal de la ventanilla, donde tenía la cabeza apoyada, y de un sobresalto me aparté; me había recordado a Alex Ubago en un videoclip y estaba empezando a rozar lo patético.
Por la calle veíamos grupos de chavales y no tan chavales andando hacia el centro, vestidos para matar. No recordaba qué día de la semana era. ¿Jueves? ¿Viernes? Día de salir, supuse. Aunque ya todos los días son días de salir.
Aparcamos en el viejo Casino de la Exposición y fuimos andando junto al rectorado hasta llegar a la calle San Fernando. Tengo que admitir que me encanta la peatonalización que hicieron. Más saludable, más bonito. Perfecta para pasear con una chica del brazo en las noches de verano. Pensando en eso me acordé de Patri, de nuestras caminatas de enamorados disfrazadas de rutas turísticas, de su piel morena bajo la luz amarilla de las farolas y de la discografía de David Bowie que me descargué cuando rompimos.
"Mira", me dijo Paul, señalándome el grupo de sintechos que hace noche siempre en los soportales junto a la sede del P.P.
Miré y no vi nada fuera de lo normal.
"Mira bien".
Miré mejor y entonces sí que lo vi.
Uno de los cuerpos estaba incorporado y rebuscando en unas bolsas. Pensé en un principio que era uno de ellos buscando algo entre sus cosas, pero al momento vi que se trataba de Kenny G. robándoles a los pobres miserables.
"Qué hijo de puta".
"¡Eh! ¡Eh, tú!", gritó Paul.
Kenny G. nos miró, se asustó, dejó caer unas mantas y salió corriendo. Los vagabundos se despertaron y al darse cuenta de lo que pasaba, empezaron a gritar a la sombra que se alejaba.
Vale, igual no era Kenny G., pero se le parecía un huevo. De cualquier manera, la posibilidad de que realmente fuera el músico fue el principal tema de conversación mientras caminábamos a la Plaza del Salvador.
Estas fueron las teorías:
1) No era Kenny G. Era su malvado hermano gemelo.
2) Era Kenny G. Había llegado a la conclusión de que su vida había llegado a un punto muerto y que no era más que una estrella olvidada, un elemento de esos de la cultura popular que la gente únicamente usa como elemento jocoso en sus charlas. El pobre Kenny G. habria, entonces, resuelto empezar de cero, emprendiendo un grandioso y épico viaje de autodescubrimiento alrededor del mundo. De alguna forma sus pasos le habrían llevado a Sevilla, a la calle San Fernando, a intentar mangarle los víveres a unos pobres mendigos para A) poder subsistir o B) por cumplir el macabro encargo de un lord del crimen que mantiene secuestrado a su único amigo: su saxofón.
3) Era Kenny G. y simple y llanamente era un hijo de puta.
En la plaza había más gente que en la guerra. Me puse de puntillas y sólo alcancé a ver una amalgama de cabezas que ocupaban cada centímetro cúbico del Salvador.
"Yo paso de quedarme aquí", dije.
"Pues yo..."
"¡Ale!", gritó alguien a lo lejos, interrumpiendo a Paul. Por un momento pensé que era una de esas veces que alguien dice vale y yo creo que me están llamando. Pero no, esta vez era alguien buscando mi atención.
Se trataba de Esperanza y Sergio, dos de mis compañeros de instituto que no veía desde el día que hice el examen de selectividad. Por aquel entonces eran novios y ahora tenía toda la pinta de que seguían siéndolos. 6 años. Qué pareja tan bonita, fiel e idílica. Qué asco.
Cinismos aparte, me alegré mucho de verles.
"¡Hola! Vaya, vaya... ¿Qué tal os va?".
"¡Estupendamente!", contestó Esperanza.
Me contó lo bien que les iba a cada uno en sus respectivos estudios (Arquitectura ella, Matemáticas él) y lo felices que eran viviendo juntos.
"Es un piso pequeño por aquí cerca. Los dos somos becarios y con eso y un poquito de ayuda de papá y mamá, pagamos el alquiler cómodamente", me explica Sergio.
Sentí una punzada de envidia y admiración.
Mientras hablaba con ellos, Paul se había encontrado con unos amigos y mantenía una charla animada. Cuando pude girarme discretamente para ver quiénes eran, descubrí con asombro a Thomas Harris y a Catulo.
"¡Hombre, Ale! No te habíamos visto".
"Suele pasar", contesté estrechándoles fuertemente la mano a ambos.
"¿Quiénes son?", me preguntó Paul señalándo a Esperanza y Sergio.
"Amigos del instituto, no los veía desde hacía milenios".
"¿Quieres ponerte al día con ellos?"
"La verdad es que no", dije sabiendo que no me escuchaban.
Me la trae flojísima la etapa del instituto ahora y siempre.
Paul mi miró con esos ojos eternos y supe que me analizaba. Supe que intentaba ver qué me pasaba, el porqué de mi actutud.
"Llevas dando bandazos demasiado tiempo. No tienes derecho a andar como un acabado de la vida siendo tan joven", me puso la mano en el hombro. "Tienes que hacer como Kenny G. y buscarte a tí mismo de nuevo, porque te has perdido, y te aseguro que una buena forma de hacerlo es darle un repaso a tu vida, a tu yo del pasado, y ver como eras para saber como eres".
"¿Quieres que tome como ejemplo a Kenny G.? ¿Seriously?".
"Tú sabes lo que digo".
Lo sabía.
Paul Auster, mi guía espiritual de aquel día, me instaba a volver a empezar... Y, qué carajo, me mola autopsicoanalizarme. Llevaba meses en plan fantasma, en mi habitación cerrada en aquella ciudad de cristal y quizás iba siendo hora de pasar página de verdad.
Me volví hacia la parejita:
"¿Hacéis algo ahora? ¿Vamos a tomar algo y charlamos?".
Les pareció genial y me invitaron a su casa, donde, me aseguraron, tenían música de la buena y un gran equipo de sonido.
Me despedí de Paul y de los muchachos, prometiendo llamarles luego para ver donde andaban y reunirme con ellos, y me fui a recordar épocas pasadas.
Concluirá...
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